Por qué los alimentos ultraprocesados son tan difíciles de dejar y qué ocurre en el cerebro


Abrir un paquete de papas fritas y no poder comer solo unas pocas, o sentir un fuerte antojo por galletitas, golosinas o comida rápida, no siempre es una cuestión de falta de voluntad. Cada vez más investigaciones muestran que los alimentos ultraprocesados están diseñados para activar los circuitos de recompensa del cerebro y hacer que resulte mucho más difícil dejar de consumirlos.

Estos productos combinan azúcar, grasas, sal y aditivos para generar una experiencia altamente placentera, capaz de estimular mecanismos cerebrales similares a los que intervienen en otras conductas adictivas.

Cuando una persona consume un alimento ultraprocesado, el cerebro libera dopamina, un neurotransmisor relacionado con el placer, la motivación y la recompensa.

Este mecanismo tiene un origen: durante miles de años, encontrar alimentos ricos en azúcar o grasa significaba acceder a una valiosa fuente de energía para sobrevivir.

Hoy, la industria alimentaria aprovecha esa respuesta natural creando productos que concentran grandes cantidades de estos ingredientes en un solo bocado, algo que prácticamente no existe en la naturaleza. Esa combinación genera una respuesta intensa que hace que sigas comiendo indeterminadamente.

El problema no está en un ingrediente aislado, sino en la mezcla de varios componentes.

Azúcares añadidos, harinas refinadas, grasas, sal, saborizantes y potenciadores del sabor trabajan en conjunto para crear alimentos viciosos.

De acuerdo con estudios citados por expertos en adicción alimentaria, más del 90% de los productos considerados más “adictivos” pertenecen a la categoría de alimentos ultraprocesados ricos en grasas y carbohidratos refinados.

Entre ellos aparecen productos como papas fritas, pizzas industriales, donas, galletitas, tortas, golosinas, snacks, comidas rápidas y distintos alimentos congelados listos para consumir.

Con el tiempo, el cerebro puede acostumbrarse a esos elevados niveles de dopamina.

Como consecuencia, algunas personas necesitan consumir cada vez más cantidad para experimentar la misma sensación de satisfacción, un mecanismo similar al observado en otros tipos de adicciones.

El consumo elevado de ultraprocesados puede alterar la microbiota intestinal y favorecer procesos inflamatorios que afectan al cerebro, lo que se ha asociado con dificultades para concentrarse, problemas de memoria y un mayor riesgo de desarrollar trastornos del estado de ánimo.

Carlos Ríos, nutricionista y creador del movimiento Realfooding, dice que la industria llenó los supermercados de productos con harinas refinadas, azúcares añadidos y aceites de baja calidad, haciendo creer que eso es “comida normal”.

El especialista, con mas de un millón de seguidores en Instagram, advierte que esta comida está diseñada para ser barata, duradera y adictiva.

Para no consumir de manera recurrente estos alimentos, se recomienda comenzar leyendo las etiquetas nutricionales y limitar aquellos productos con altas cantidades de azúcares añadidos, grasas saturadas y harinas refinadas.

También se aconseja priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados, como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y proteínas de buena calidad.

Los especialistas coinciden en que no es necesario eliminar por completo los ultraprocesados de un día para otro, sino reducir su consumo de manera progresiva y construir hábitos alimentarios más saludables a largo plazo.

Fuente: www.clarin.com

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